Artículo de opinión | Necesitamos respuestas transformadoras ante la violencia sexual

Fuente: City&State NY

Escrito por Jessica González-Rojas y Christian Celeste Tate

La terrible agresión ocurrida en Cornell nos recuerda que la cultura de la violación y la culpabilización de las víctimas siguen estando muy extendidas en nuestros campus universitarios y en nuestra sociedad. Sí, debemos exigir una verdadera rendición de cuentas por parte de los agresores, la universidad y el sistema judicial. Pero la rendición de cuentas no es suficiente. También debemos cambiar las normas culturales y la falta de educación sobre el consentimiento que perpetúan la violencia. Ese cambio puede comenzar con la Ley de Estudiantes Sanos y Seguros, que por fin obligaría a los centros públicos de nuestro estado a impartir una educación sexual e inclusiva sobre el consentimiento, con información médicamente precisa.

La realidad es que nuestra cultura tolera la violencia sexual. Desde antes incluso de saber leer y escribir, nos vemos expuestos a formas de cultura popular (publicidad, música, televisión, cine y videojuegos, por no hablar de la pornografía) que representan las relaciones abusivas como si fueran románticas o encantadoras. Cuando consumimos estas representaciones nocivas de las relaciones íntimas, interiorizamos esos mensajes a nivel subconsciente, lo que moldea lo que esperamos de nosotros mismos, de nuestras parejas, de nuestros compañeros y de nuestras relaciones.

Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, el 30,2 % de las mujeres y el 12,8 % de los hombres de Nueva York sufrirán algún tipo de violencia sexual o acoso por parte de su pareja. Estas cifras son aún más elevadas en las comunidades negras, latinas, indígenas y queer, y los neoyorquinos trans registran algunas de las tasas más altas de violencia sexual.

El problema es sencillamente demasiado grande como para planteárselo en términos de agresores aislados. La violencia sexual está arraigada en nuestra sociedad; es generalizada, estructural y cíclica. Por ello, no existe una solución única que permita erradicar la violencia; sin embargo, está claro que los problemas sistémicos requieren soluciones sistémicas. Ahí es donde entra en juego la Ley de Estudiantes Sanos y Seguros.

El proyecto de ley fue presentado en 2021 por una de nosotras, la diputada Jessica González-Rojas, y la senadora estatal Julia Salazar. Este proyecto obligaría a todos los colegios públicos del estado de Nueva York a impartir una educación sexual y sobre el consentimiento adecuada a la edad de los alumnos y médicamente precisa, en consonancia con las Normas Nacionales de Educación Sexual.

Una educación sexual y sobre el consentimiento adecuada a la edad y médicamente precisa proporciona a los jóvenes las herramientas que necesitan para gestionar sus relaciones sexuales de forma respetuosa. Los planes de estudios enseñan conceptos fundamentales como el respeto y la empatía, al tiempo que crean un espacio para que los jóvenes practiquen la comunicación necesaria para mantener relaciones sanas.

Es importante destacar que impartir educación en el ámbito escolar no significa enseñar a los niños pequeños sobre el sexo. Por el contrario, se les enseña cómo interactuar con consentimiento de una manera adecuada a su edad, como parte del juego y la socialización con sus compañeros. Aprender a pedir permiso y a afrontar el rechazo son pilares fundamentales que se empiezan a sentar desde muy temprana edad.

Existen pruebas de larga data sobre la eficacia de la educación sexual y sobre el consentimiento impartida en los centros educativos. Más de treinta años de investigación sobre la educación sexual en los centros educativos han demostrado que estos programas reducen la violencia y mejoran las actitudes respecto a las agresiones (es decir, se reduce la tendencia a culpar a las víctimas). Estimaciones más específicas aquí, en Nueva York, sugieren que la educación por sí sola puede reducir la violencia hasta en un 60 %.

Esta eficacia demostrada ha motivado a los estados de todo el país a tomar medidas. California, Colorado, Illinois, Oregón y Washington exigen a los centros educativos que impartan una educación integral en el ámbito escolar. Nueva York, por su parte, sigue a la zaga, sin ningún tipo de requisito de educación integral, lo que deja en manos de cada distrito escolar la decisión sobre qué enseñar.

En un informe reciente, la Unión de Libertades Civiles de Nueva York analizó una muestra de distritos escolares de todo el estado y descubrió que el 52 % de ellos no aborda adecuadamente el tema del consentimiento. El Consejo de Información y Educación Sexual de Estados Unidos sitúa actualmente a Nueva York entre los diez peores estados en materia de educación sexual. Sin una educación adecuada, los jóvenes no cuentan con las herramientas necesarias para desenvolverse de forma segura en sus relaciones. Esto incluye comprender los límites, comunicarse de forma eficaz y reconocer los comportamientos coercitivos y abusivos.

La educación en las escuelas sobre estos temas reviste una importancia fundamental. No abordar con los jóvenes temas como el sexo, el consentimiento y las relaciones sanas no evita que desarrollen suposiciones y expectativas; simplemente les deja a merced de influencias menos constructivas.

Por eso debemos aprobar la Ley de Estudiantes Sanos y Seguros. Al aprobar por fin este proyecto de ley, tendremos la oportunidad de cambiar de forma significativa la forma en que los jóvenes de nuestro estado abordan el consentimiento y la responsabilidad.

Si realmente queremos poner fin a los ciclos de violencia sexual que nuestra cultura perpetúa, debemos ir más allá de las condenas superficiales y adoptar soluciones transformadoras que creen nuevas normas culturales. No podemos permitirnos esperar.

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